Ser sostenible significa un compromiso real y sincero con nuestra propia esencia y también con los desafíos a los que se enfrenta el mundo actual.

Compromiso + Responsabilidad = Reto
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Personas

Ponemos el foco en las metas que implican un compromiso con las personas. Con aquellas con las que compartimos nuestra vida y nuestro espacio más cercano, pero también con las que se encuentran lejos y viven una realidad muy diferente a la nuestra. La persona humana es el sujeto principal responsable del desarrollo. Nuestro origen común, nuestra pertenencia mutua a una misma comunidad y la visión de un futuro para compartir con todos.

Ponemos el foco en el compromiso con los más débiles, pues como afirma Pablo VI en la encíclica Populorum progressio: “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”.

Sólo preocupándonos por las personas seremos capaces de crear sociedades prósperas. Por eso a través del Humanismo Cristiano que nos inspira nos esforzamos cada día para que nuestros estudiantes se conviertan en ciudadanos y profesionales comprometidos con la generación de una economía inclusiva y con la promoción de los derechos humanos.

Comunidad

La Doctrina Social de la Iglesia anunció en los años sesenta del pasado siglo la imposibilidad de identificar de una manera directa desarrollo con crecimiento económico y comunidad. Por ese motivo es necesario fomentar profesionales con un compromiso con los demás y al servicio del bien común. En la Carta Encíclica Frattelli Tutti, el Papa Francisco propone, inspirándose en San Francisco de Asís, “una forma de vida con sabor a Evangelio”, donde tengamos presente tanto al cercano como al lejano, pues Dios “ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos, para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz”.

Planeta

El Santo Padre Francisco en su encíclica Laudato Si recuerda que la hermana Tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, por lo que “nada de este mundo nos resulta indiferente”.

La superpoblación, las políticas forestales, la agricultura intensiva o el auge de las megaciudades son algunas de las tendencias que están poniendo a prueba la economía mundial. Pero son sus consecuencias las que deberían preocuparnos: el incremento exponencial de las emisiones de CO2, el aumento de la temperatura media en el planeta, la desaparición de especies o la contaminación de los mares están poniendo a prueba nuestra supervivencia.

Por esta razón, es necesaria una reflexión social sobre el uso responsable de los recursos naturales. Porque los esfuerzos individuales y la responsabilidad colectiva en cuestiones de sostenibilidad también crean valor, y no sólo para nuestro planeta. También para las personas que lo habitamos.

Futuro

Son ya conocidas las palabras de Nelson Mandela, Presidente de la República de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz, sobre el valor de la enseñanza: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Luchar por un mundo mejor implica hacerlo también por una enseñanza global e igualitaria.

La base para mejorar el futuro de las personas está en la enseñanza, sobre todo de aquéllas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. La educación transforma vidas, contribuye a reducir las desigualdades y anima a quienes la reciben para enfrentarse al mundo y conformar sociedades más respetuosas y tolerantes.

Trabajamos para que en nuestras aulas se formen profesionales con pensamiento crítico, capaces de comprometerse libremente en la creación de una sociedad sustentada por el auténtico principio del humanismo cristiano: el valor de la vida. Queremos una sociedad sostenible que ofrezca un futuro con oportunidades para todos. Los polos de la vida humana han sido descritos por el Papa Francisco como "la fortaleza" y la "memoria" de la familia, y ello al subrayar que "las personas incapaces de cuidar a los niños y cuidar de los ancianos son personas sin futuro, porque carecen de la fuerza y la memoria necesaria para avanzar"